La Educación

EDUCACEs a través de la educación que el Espiritismo desarrolla su más valioso programa de asistencia educativa al hombre.

La escuela de letras continua informando e instruyendo a fin de que la Ciencia se fortalezca en el seno de las colectividades. Entretanto, es la educación religiosa la que viene estimulando la moral incorrupta de modo que pueda liberar a la criatura despierta y vigilante junto a los imperativos de la vida.

Uniendo sabiduría y amor alcanzaremos equilibrio en nuestra actividad educativa.

¡Edúquese al hombre y tendremos una Tierra verdaderamente transformada y feliz!

Contemplamos, así con optimismo y júbilo, al Movimiento Espírita explayándose, cada vez más, en las aspiraciones, de la evangelización, procurando, con gran empeño, alcanzar el corazón humano en medio del torbellino de la desenfrenada carrera del siglo… ¡Tan significativa siembra en la dirección del porvenir!

Maestros y educadores, preceptores y padres colaboran, al lado unos de otros, en medio de las esperanzas del Cristo, dinamizando esfuerzos a favor de niños y jóvenes, en la más noble intención de acercarlos al Maestro y Señor, Jesús.

Urge que así sea, porque el tiempo más propicio para la absorción de las nuevas ideas, que más favorece la tarea educativa del hombre, es su período de infancia y juventud. Sin duda que la madurez exhibe una inestimable suma de las experiencias adquiridas, aunque tantas veces amargue el sinsabor de las incrustaciones perniciosas absorbidas a lo largo del camino.

¡Es, pues, el Amor convocando servidores del Evangelio para la obra educativa de la Humanidad!

¡Benditos los lidiadores de la orientación espírita, entregándose afanosos y de buena voluntad al plantío de la buena simiente!

Pero para un desempeño más gratificante, que procuren estudiar y estudiar, forjando siempre luces a las propias convicciones.

Que se armen de coraje y decisión, paciencia y optimismo, esperanza y fe, para ayudarse recíprocamente, en el saludable intercambio de experiencias, encajándose con entusiasmo creciente en los caminos de Jesús.

Que jamás se descuiden del perfeccionamiento pedagógico, ampliando, siempre que sea posible, sus aptitudes didácticas para que no se pierdan  simientes prosperas ante el suelo propicio, por la inadecuación de métodos y técnicas de enseñanza, por la ignorancia de contenidos, por la ineficacia de una planificación inoportuna e inadecuada. Todo trabajo rinde más en manos realmente habilitadas.

Que no se estacionen en las experiencias alcanzadas, sino que aspiren siempre a más, buscando libros, renovando investigaciones, permutando ideas, activándose en entrenamientos, movilizando cursos, promoviendo encuentros, realizando seminarios, en esta dinámica admirable como permanente de los que se dedican a los benditos impositivos de instruir y de educar.

Es bueno que se diga, el educador  consciente de si mismo jamás cree estar listo, acabado, sin nada más que aprender, rehacer, conocer… Al contrario, avanza con el tiempo, ve siempre peldaños arriba para subir, en la infinita escalera de la experiencia y del conocimiento.

Mientras, no menos importante es la concienciación de los padres espíritas ante la educación moral de sus hijos, como servicial auxiliador en la misión educativa de la familia.

Que experimenten vivenciar cuando sea necesaria la condición de evangelizadores, así como se recomienda a los educadores posicionarse siempre en aquella condición de padres bondadosos y pacientes junto a la gleba de sus realizaciones.

Que los padres envíen a sus hijos a las escuelas de evangelización, interesándose por el aprendizaje evangélico de la prole, indagando, dialogando, motivando, acompañando…

Por otro lado, no podemos desconsiderar la importancia del acogimiento y del interés, del estímulo y del entusiasmo que deben nortear los núcleos espiritistas ante la evangelización.

Que dirigentes y directores, colaboradores, directos e indirectos, prestigien siempre más el atendimiento a niños y jóvenes en los agrupamientos espíritas, sea adecuándoles dicha tarea al ambiente, adaptando o, aun, improvisando medios, de tal suerte que la educación infanto-juvenil se efectúe, se desenvuelva, crezca, ilumine…

Es imperioso que se reconozca en la educación de las almas una tarea de la más alta expresión en la actualidad de la Doctrina Espírita. Por encima de las nobles realizaciones de la asistencia social, su acción preventiva evitará caídas en el error, nuevos desastres morales, responsables de mayores pruebas y sufrimientos en adelante, en los panoramas del dolor y lágrima que compungen a la sociedad, persiguiendo las pagas de la asistencia o del servicio social, públicos y privados.

¡Eduquemos por amor!

Ayudemos a todos, favoreciendo sobretodo al niño y al joven un mejor posicionamiento ante la vida, de cara a la reencarnación.

Solamente así plasmaremos desde ahora las bases de una nueva Humanidad para el mundo venidero.

Es de suma importancia amparar a las almas a través de la evangelización, colaborando de forma decisiva junto a la economía de la vida para cuantos deambulan por las calles existenciales.

Y no dudemos de que el niño y el joven educados ahora son, indudablemente, aquellos ciudadanos del mundo, conscientes y alertados, conducidos para construir, a través de sus propios esfuerzos, los verdaderos caminos de la felicidad en la Tierra.

Guillon Ribeiro

(Página recibida en 1963, durante el 1o Curso de Preparación de Evangelizadores — CIPE, realizado por la Federación Espírita del Estado de Espírito Santo, por el médium Júlio Cezar Grandi Ribeiro).

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