“Encuentro en Familia” C.E. León Denis de Madrid

El próximo viernes día 28 de junio a las 18:00h, en el C.E. León Denis de Madrid, tendrá lugar el último encuentro en familia de este curso y que forma parte del Proyecto “Semillas del Futuro” para la educación espírita de la infancia, juventud y familia.

El tema que se desarrollará en esta ocasión, y que será presentado por Humberto Werdine, orador y divulgador espírita, será “Mediumnidad en la niñez”.

Cómo tratar la eclosión de la mediumnidad en la infancia, la importancia de la educación espiritual de nuestros pequeños, etc., serán algunas de las cuestiones que serán desenvueltas en este encuentro.

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Educación: Tarea de Emergencia

educaciónNuestro mundo pasa por profundas transformaciones, tanto del punto de vista material, como social, político, económico y moral. El Espiritismo nos alerta que son llegados los tiempos de la edad viril de la Humanidad, como preconiza el insigne Codificador, Allan Kardec, en La Génesis. (1) Pero toda transformación implica cambios y estas demandan de cada uno de nosotros nuevas posturas; para eso, precisamos estar preparados para lo nuevo.

Somos Espíritus en extensa jornada evolutiva, en la cual vamos reclutando experiencias a lo largo de innúmeras reencarnaciones y, de ese modo, construyendo nuestro milenario bagaje evolutivo. Delante de los nuevos tiempos, que se descubren para la Humanidad – nueva Era, la Era de Regeneración- es factor preponderante para garantizarnos nuestra entrada segura en esa era de amor: la Educación, aquella entendida como “el conjunto de hábitos adquiridos”, como Kardec lo consideraba. (2) Aunque necesitemos acompañar el progreso material, social, cultural de nuestra sociedad, jamás podemos soltar los valores ético-morales que caracterizan el Cristianismo y el Espiritismo, los cuales tienen como base la ley áurea, anunciada por Jesús, desde hace dos mil años: “Hacer al prójimo lo que nos gustaría que nos hicieran”. “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo” (Lucas, 10:27).

San Agustín nos trae importantísimas orientaciones sobre la Educación en su bellísimo texto “La ingratitud de los hijos y los lazos de familia” (3), en el cual nos enseña que la principal misión de los padres es “acercar a Dios” las almas de sus hijos. Clara la orientación del noble Espíritu: la de que tenemos que poner todos nuestros esfuerzos para identificar las malas tendencias de nuestros hijos, corrigiéndolas e incentivando sus virtudes. Esa es la misión que nos está confinada por el Creador y de la cual tendremos que prestar cuentas.

El Espiritismo es una Doctrina educadora por excelencia, la propia reencarnación es un proceso de reeducación del ser, pues retornamos niños a un hogar, a una familia, para ser reeducados, pues, como niños, el Espíritu está más accesible a recibir la orientación de los padres y educadores, sea en la escuela, sea en la Casa Espirita, sea por medio de la Evangelización Infantojuvenil. Recordemos que más fuerte que mil palabras es el ejemplo. El niño observa las conductas y actitudes de aquellos con quien convive más directamente, pudiendo adoptarlas como referencias de comportamiento.

En el mundo de hoy, en que hay extrema libertad, precisamos recordar la profunda enseñanza del Apóstol Pablo, cuando nos dijo: “Todo me es permitido, pero no todo me conviene” (I Corintios, 6:12) (4), alertándonos de los límites de nuestra conducta y, sobre todo, las consecuencias de nuestros actos. El niño y el joven necesitan aprender que sus actitudes tienen consecuencias, y su libertad, limites, exactamente donde comienza el derecho ajeno, y que necesitamos responder por nuestra conciencia, de ahí el termino responsabilidad. Algo un tanto olvidado en los días de hoy.

Instado sobre esa cuestión, Divaldo Pereira Franco, educador de almas, nos orienta que “la educación espirita, trayendo la evangelización infantojuvenil a la luz del Espiritismo, es tarea de emergencia, más que de urgencia. Voy a dejarlo crecer, después ya escogerá (La Religión que quiera seguir) representa, para mí lo mismo que dejar contaminarse con el tétano, u otra enfermedad, para después aplicar el remedio (…) (4) La Doctrina Espirita y la Casa Espirita mucho pueden contribuir con los padres y los educadores en sus relaciones con los niños y jóvenes, en el ámbito de la educación, especialmente en las tareas de la Evangelización infantojuvenil, que debe ser trabajo esencial en la Casa Espirita, conduciéndolos con extremo cariño y cuidado, pues estamos, de esa forma, contribuyendo para formar Espíritus mejores, los cuales, por su vez transformaran el Planeta en Mundo de Regeneración.

Si la Casa Espirita no tiene, debe formar ese trabajo; si tiene, debe mantenerlo y mejorarlo. Las Federativas espiritas, órganos de Unificación del Movimiento Espirita, tiene la obligación de apoyar esas tareas en los centros, debiendo intercambiar experiencias entre sí, en el propósito de aprender conjuntamente y ampliar ese importantísimo trabajo. Por otro lado, los padres, frecuentadores o no de las Casas Espiritas, tienen, en ese servicio, prestado por el Centro Espirita, importantes subsidios que los ayudaran en la educación de sus hijos, bien como en el grupo de padres, o escuela de padres, que será entonces un espacio para intercambiar experiencias y de aprendizaje de la difícil y fundamental tarea de educar Espíritus. Mas allá de eso, las Mocedades y Juventudes Espiritas ofrecen al joven un grupo – ya que en esa fase el joven acepta convivir en grupo- lo cual deberá ser un grupo con armonía, equilibrado, saludable, formado por jóvenes que, por regla, frecuentaran la Evangelización Infantil, cuyas familias conocemos y que, generalmente, también frecuentan la Casa Espirita.

Içami Tiba nos dice: “Los padres que encaminan al hijo para alguna religión, no van a buscarlo en la cárcel” (5) Aunque deba haber casos en que, aun recibiendo orientación moral, el Espíritu pueda equivocarse en función de sus tendencias, al recibir, pues, enseñanzas de buena conducta y religiosidad, se torna mas fortalecido en el bien, como que vacunado contra desvíos mas graves.

Recurriendo a Jesús, al Educador de los Educadores, Maestro de nuestras vidas, aprendemos con El la pedagogía del amor, que no juzga, no condena, no fuerza conciencias, pero convida, conduce, trae a la superficie las adquisiciones anteriores. De ahí el termino educación – del latín educare – ex -ducere-, que significa conducir para afuera, sacar de dentro de – o sea, reorganizar los contenidos del Espíritu. Como ocurre en el célebre pasaje de la mujer adultera, Jesús no la condeno, ni la eximio de sus responsabilidades, diciendo a aquellos que la querían lapidar: “Tire la primera piedra aquel que este sin pecado” (Juan 8:7). Como todos se retiraron, quedando a solas con ella, le dijo: “Ve y no peques mas” (Juan 8:11), mostrando con eso que no tenemos el derecho de Juzgar y condenar, pero tan solamente lo de, con amor, despertar la criatura para las responsabilidades y consecuencias de sus actitudes, porque el amor es el gran recurso del educador.

Osmar Marthi Filho

Referencias:

(1) Allan Kardec. La génesis.

(2) Allan Kardec. El libro de los Espíritus.

(3) Allan Kardec. El evangelio según el espiritismo.

(4) Divaldo Pereira Franco. Dialogo con dirigentes y trabajadores espiritas. Sao Paulo.

(5) Conferencia ofrecida por el médium psiquiatra Dr. Içami Tiba, en Curitiba.

Extraído de la revista espirita “El Reformador”

A los Educadores

sandia-books-cuento-dislexia-como-ayuda-a-los-educadores-294x300El ilustre escritor brasileño Augusto Cury enumera en su libro intitulado “Padres brillantes, profesores fascinantes”, lo que considera los siete pecados capitales de los educadores.

El primer de ellos es corregir al alumno públicamente.

Un educador jamás debería exponer una debilidad de una persona, por peor que sea, delante de los demás. Un educador debe valorar más a la persona que se equivoca que su equívoco.

El segundo es expresar autoridad con agresividad.

Los educadores que imponen su autoridad son aquellos que le tienen miedo a sus propias fragilidades. Para que se tenga éxito en la educación, es necesario considerar que el diálogo es una herramienta educacional insustituible.

El tercero es ser excesivamente crítico: obstruir a la infancia del niño.

Los débiles condenan, los fuertes comprenden, los débiles juzgan, los fuertes perdonan. Los débiles imponen sus ideas a fuerza, los fuertes las exponen con afecto y seguridad.

El cuarto es punir cuando se esté con rabia y poner límites sin dar explicaciones.

La madurez de una persona se revela por la manera inteligente con que corrige a alguien. Jamás ponga límites sin dar explicaciones. Para educar, use primero el silencio y después las ideas. Elogie al alumno antes de corregirlo o criticarlo. Diga cuanto él es importante, antes de apuntarle el defecto. Él recibirá mejor sus observaciones y le amará para siempre.

Quinto: ser impaciente es desistir de educar.

Es necesario comprender que por detrás de cada alumno esquivo, de cada joven agresivo, está un niño que necesita de afecto. Todos queremos educar a jóvenes amables, pero son los que nos frustran que testan nuestra calidad de educadores. Son los hijos complicados que testan la grandeza de nuestro amor.

El sexto, es no cumplir con la palabra.

Las relaciones sociales son un contrato firmado en el palco de la vida. No lo rompa. No disimule sus reacciones. Sea honesto con los alumnos. Cumpla lo que promete. La confianza es un edificio difícil de ser construido, fácil de ser demolido y muy difícil de ser reconstruido.

Séptimo: destruir la esperanza y los sueños.

La mayor falla que los educadores pueden cometer es destruir la esperanza y los sueños de los jóvenes. Sin esperanza no hay caminos, sin sueños no hay motivación para caminar. El mundo puede caer sobre una persona, ella puede haber perdido todo en la vida, pero, si tiene esperanza y sueños, ella tiene brillo en los ojos y alegría en el alma.

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Usted que es padre, profesor o responsable por la educación de alguien, considere que hay un mundo a ser descubierto dentro de cada niño y de cada joven. Solamente no consigue descubrirlo quien está encarcelado dentro de su propio mundo. Recuérdese que la educación es la única herramienta capaz de transformar el mundo para mejor, y que esa herramienta está en sus manos. De su uso adecuado depende el presente y dependerá el futuro. El joven es el presente y el niño es la esperanza del porvenir.

Piense en eso y haga valer la pena su título de educador. Eduque. Construya un mundo mejor. Plante en el suelo de los corazones de niños e jóvenes las flores de la esperanza.

Equipo de Redacción del Momento Espírita, con base en el libro “Padres brillantes, profesores fascinantes”, de Augusto Cury, ed. Sextante.