El Valor de las Palabras

amorosas-frases-de-buenos-dias-para-mi-novia1Las palabras, que maravilloso tesoro, cuánto valor encierran, aunque algunas aún no alcancen a expresar y describir algunos de los sentimientos y emociones que, como las olas, invaden la playa de nuestras almas. Las palabras son poderosas, tienen vida propia y una energía que las hace únicas, singulares, y que las reviste de todas las bellezas, o por el contrario, las degrada. Pueden ser mágicas, tiernas, suaves, trasformadoras, calmantes, o convertirse, por el contrario, en armas destructivas, dañinas, insanas…. Todo depende del uso y la intención con que las revistamos.

Jesús decía: “No es impuro lo que entra por la boca, sino lo que sale del corazón.”

Y las palabras, el lenguaje, son en realidad expresión de lo que hay en nuestros corazones. Brotan del manantial de sentimientos y pensamientos que habitan nuestro íntimo y reflejan lo que verdaderamente somos.

El poeta André Bretón (1896-1966) nos recuerda: “El pensamiento y la palabra son sinónimos.”

Siendo así el uso del lenguaje, de la palabra, dicen mucho de nosotros mismos y del actual estado de nuestro espíritu. Aunque parafraseando a Confucio, un hombre de virtuosas palabras no es siempre un hombre virtuoso.

Sin dejar de lado todo esto, veo con preocupación el uso que hacemos del lenguaje verbal y también del gestual, de ese que sólo se interpreta a través de nuestras expresiones faciales y corporales y que, muchas veces, dice más que las propias palabras.

Desde el punto de vista de la Educación es muy importante hacer un uso correcto del lenguaje y de la expresión corporal, pero mucho más importante es hacer un buen uso de la palabra, con el fin de generar reacciones positivas en nuestros niños y jóvenes.

Estamos muy acostumbrados a hablar y a dirigirnos a nuestros hijos con gritos, voces, palabras inapropiadas, hirientes, incluso, que generan baja autoestima, agresividad y violencia, degradación, negatividad, y un largo etcétera.

Es muy fácil observar en el día a día cómo muchos padres y madres se dirigen a sus hijos olvidando el respeto, el amor y la generosidad en sus expresiones, lo que redunda en todo lo que antes hemos apuntado.

Las palabras afectuosas, dichas con ternura, no nos restan autoridad, pues la autoridad, que no el autoritarismo, que tantas veces se confunde, deriva de la ejemplificación moral a través de nuestros actos y de nuestras actitudes ante la vida y los acontecimientos.

Es importante que revisemos nuestro diccionario particular y veamos cómo nos expresamos, que analicemos nuestro lenguaje, nuestro vocabulario para poder reflexionar sobre lo que sale de nuestro corazón y lo que vertimos sobre aquellos a los que más queremos.

Nuestros niños se están educando, están aprendiendo y todo cuanto hacemos y decimos les marcará para siempre.

Como hemos dicho antes, las palabras son poderosas pues nuestras mentes enseguida establecen relaciones positivas o no, según la calidad buena o mala con que las revestimos e impone reacciones en un sentido o en otro.

Si nos mostramos agresivos con nuestros hijos, ellos nos responderán con agresividad, si usamos la violencia verbal, ellos nos responderán con la misma violencia, haciendo la comunicación cada vez más difícil y alejándonos de lo que debiera ser una convivencia saludable entre los miembros de la familia. Actuando de esta manera les estaremos trasmitiendo impresiones muy negativas sobre ellos mismos, sobre el mundo en el que viven y las relaciones humanas. Les estaremos presentando un mundo hostil y esa percepción negativa puede traer consecuencias graves para su futuro.

Muchas de las conductas dañinas y destructivas que observamos en niños y jóvenes tienen mucha relación con el trato que han recibido y la percepción que tienen del mundo que les rodea.

A quién de nosotros no le gusta oír una palabra amable, amorosa, tierna, una palabra de gratitud, de consuelo, revestida de la fuerza suficiente para subir nuestra autoestima, levantarnos cuando hemos caído o procurarnos cierta paz y consuelo.

Es sabido y comprobado que las palabras tienen el poder de sanar así como por el contrario de enfermar. Por lo tanto, no subestimemos el poder de la palabra en la educación de nuestros hijos pues, desde mucho antes de nacer, la modulación de nuestra voz, principalmente la de la madre, y la energía que ponemos en las palabra, estimula su desarrollo cerebral a través de las sensaciones placenteras que reciben del baño de hormonas al que se ven sometidos en el seno materno.

Nuestro lenguaje debe ser siempre el del Amor si queremos hacer de ellos adultos felices, confiados y amados.

Por Valle García

Miembro del equipo Semillas del Futuro del CELD

Miembro de la Comisión de Educación-FEE

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s