SUICIDIO EN LA INFANCIA Y EN LA ADOLESCENCIA: EL PROBLEMA BAJO LA VISIÓN ESPÍRITA

emocionesparaimprimir7“ (…)para los que no creen en la eternidad y juzgan que con una vida todo se acaba, si los infortunios y las aflicciones le agobian, únicamente en la muerte ve una solución a sus amarguras. No esperando nada, se hace muy natural y muy lógico, abreviar por el suicidio todas sus miserias”

(“El suicidio y la locura”. InEl Evangelio según el Espiritismo.) (1)

 Niños y adolescentes, en gran número, buscan en el suicidio la huida que les parece más viable a los sinsabores y dificultades que surgen de sus experiencias materiales.

El asunto, de importancia vital para análisis y reflexión de todos los espíritas, está destacado en el temario de las campañas de Vivir en Familia y En Defensa de la Vida, reactivadas por el Consejo Federativo Nacional, órgano de la federación Espírita Brasileña, el 21 de noviembre de 2004, teniendo como una de sus acciones, a nivel nacional, estimular la profundización de temas de esa naturaleza, concluyendo cuán importante se vuelve el convivir en familia, donde bajo todos los aspectos, la vida debe ser preservada y cuidada. (2)

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2000), en el mundo entero, el suicidio está entre las cinco mayores causas de muerte en la franja de edad de 15 a 19 años y en varios países está como primera o segunda causa de muerte entre chicos y chicas de esa misma edad.(3) Verificamos que, estadísticamente, Brasil se coloca como uno de los países que posee un índice relativamente significativo en este tipo de muerte entre los jóvenes: entre los años 1991 y 2000 los suicidios, en dicha franja de edad, tuvieron un crecimiento del 28,5% y los datos, actualmente presentan, según la magnitud de la población joven brasileña, una tasa de 4 suicidios por cada 100 mil habitantes. Es posible, también, observar que la incidencia de las muertes por suicidio se presentan a partir de los 10 años, habiendo una fuerte tendencia ascendente hasta llegar a su máxima expresión a los 21 años de edad. (4)

Es muy triste ver esos Espíritus envueltos en tantas frustraciones, derivados de conflictos íntimos y de una educación mal administrada por parte de los padres, o por ser algunos portadores de desequilibrios emocionales que no fueron atendidos adecuadamente en la infancia, llevándolos a tomar una actitud tan drástica.

El Espíritu Manuel Philomeno de Miranda (1991) apunta hacia los graves agentes psicológicos que llevan al suicidio, como la angustia, la inseguridad, los perturbadores fenómenos psicosociales y económicos, las enfermedades que esclavizan, el sentimiento de desamparo y pérdida, todos con sede en el alma inmadura e ingrata, débil de recursos morales para sobreponerlos a las contingencias transitorias que les empuja al acto extremo. Y, este trágico acto asume gravedad y constreñimiento mayores, cuando los niños, que todavía no disponen de discernimiento, optan por esta aberrante decisión. (5)

¿Cómo evaluar este irreflexivo acto de seres tan jóvenes, bajo la visión espírita?¿Qué causas estimulan a esos Espíritus, todavía inmaduros, el buscar en este último gesto, la superación de los problemas que los confunden?

Así mismo considerando el gran número de suicidas que renacen con la impresiones de la acción cometida en vidas pasadas, es necesario un análisis más profundo sobre las razones que los impelen a cometer nuevas transgresiones a las leyes de Dios, agravando aún más su situación espiritual.

Analizaremos, inicialmente, los suicidios que tienen por causa la obsesión.

Nos aclara el venerable espíritu Bezerra de Menezes que Espíritus perversos influencian a los encarnados, sugestionándolos a cometer el acto terrible, a través del sueño de cada noche, mediante una presión obsesora de su desafecto espiritual, (…). Otros existen que no quieren morir, no desean el suicidio (…). A pesar de esto, sucumben, (…) una vez que sin conocer la luz de las verdades eternas, desconocedores de la verdadera finalidad de la vida humana, como de la naturaleza espiritual del hombre, no lograrán tener las fuerzas ni los elementos con los que se puedan liberar del yugo mental (…) cuyo acceso permitirán (6). Esos suicidios, llevados a efecto por influencias obsesivas, presentan una cierta porción de atenuantes con las víctimas y graves responsabilidades a quienes los han motivado, respondiendo, dichos verdugos, frente a la Justicia Divina, por la crueldad cometida contra sus adversarios.

Nos intriga, sin duda, que esta situación pueda ocurrir con niños y jóvenes.

El análisis hecho por Allan Kardec a la respuesta dada por los Espíritus Superiores, a la cuestión 199ª, en “El Libro de los Espíritus”, nos aclara sobre este problema. Dice el Codificador: “ De otra manera, no es racional considerar la infancia como un estado natural de inocencia. ¿No se ven niños dotados de los peores instintos, en una edad en la que la educación no ha podido aún influir?¿No hay algunos que parecen haber traído de nacimiento la astucia, la falsedad, la perfidia, hasta el instinto mismo para robar o para el crimen, a pesar de los buenos ejemplos de los que se ven rodeados?”(7) Concluye Kardec en la misma nota, que esos espíritus se muestran viciosos por no poseer el progreso, sufriendo, entonces, por efecto de su inferioridad. Estos niños, generalmente, manifiestan comportamientos desequilibrados, como resultante de la rebeldía, de la insatisfacción, del nerviosismo, de la dificultad intelectual que presentan, agravándose cada vez más su existencia, en caso de que no reciban los cuidados urgentes de los padres, en forma de afecto, comprensión y medidas terapéuticas adecuadas, para que consigan superar las reminiscencias tan dolorosas.

Suely Caldas Schubert (1981), al referirse al problema de la obsesión en la infancia, trae de su experiencia, interesantes testimonios sobre niños que intentaron el suicidio. Uno de esos casos fue destacado como gravísimo. Nos cuenta la autora que cierto niño de tres años y algunos meses de vida venía intentando suicidarse de muchas formas diferentes, causándose, incluso, lesiones:

Un día, se tiró a la piscina; otro, se lanzó desde lo alto del tejado, en la barandilla de su casa; después quiso tirarse delante de un coche en movimiento, lo que llevó a la familia a vigilarle día y noche. Su comportamiento, de pronto, se volvió extraño, maltratando especialmente a su madre, a quien dirigía palabras soeces que los padres nunca imaginaban que supiese (8).

Los padres de dicho niño buscaron ayuda en el Espiritismo y, a partir de las reuniones de desobsesión, realizadas en su beneficio, fue posible diagnosticar, espiritualmente, las causas de su estado actual. La oración, el pase y el agua fluidificada, usados en la terapéutica espiritual, mejoraron sensiblemente el problema obsesivo y otros niños, que presentaban síntomas similares, fueron amparadas igualmente. Schubert nos llama la atención hacia la importancia de las aulas de Evangelización Espírita, donde los pequeños seres son ayudados por las enseñanzas suministradas en las mismas, ofreciéndoles las luces de esclarecimiento espirita-cristiano de que tanto carecen (p 66).

Además de las orientaciones que recibimos de la profilaxis espírita es imprescindible que busquemos la ayuda de psicólogos, médicos, educadores y otros, que orienten en la utilización de mecanismos preventivos, para el reajuste de estos niños. Es importante resaltar, todavía, que al tratar de suicidio, no podemos referirnos tan solo a las obsesiones, que influencian enormemente a dichas almas torturadas, si no que debemos tener en cuenta el rol de dificultades que estos Espíritus traen consigo, impulsándolos a cometer desatinos de toda índole, en perjuicio propio, impidiéndoles vivir de una forma más tranquila y segura.

A los padres les cabe la tarea mayor de ampararlos, dispensándoles mucho amor, con el fin de que se sientan amados y puedan superar esos estados de sufrimiento, choques y dolores que necesitan ser atenuados por medio de la educación, en la práctica de ejercicios moralizadores, hasta que consigan transformar sus disposiciones mentales, en la búsqueda del rumbo feliz que tanto anhelan.

Al conocer los factores causantes de los sufrimientos que nos afligen, pasamos a aceptar con resignación y responsabilidad las pruebas indispensables para nuestra evolución. Por esto, aceptar a los hijos difíciles y reaccionar de manera positiva, envolviéndolos en vibraciones de ternura, anulándoles las impresiones negativas, dialogando constantemente con ellos, utilizando la palabra envuelta en emoción afectuosa y franca, y trasmitiéndoles la confianza de que podrán librarse de los problemas íntimos que les oprimen, confiando en Jesús y en los benefactores espirituales. El niño, si se evangeliza desde una edad temprana, tendrá la noción exacta de lo que significa la protección de esos Amigos más allá de la tumba.

El problema del suicidio asume dimensiones mayores en la adolescencia, cuando, casi siempre, no se ha recibido ayuda en la etapa infantil. El Espíritu Joana de Angelis (1998) afirma que la desinformación al respecto de la inmortalidad del ser y de la reencarnación responde por la toma de un camino en busca del suicidio.(…) Y esa falta de esclarecimiento es mayor en el periodo infanto-juvenil, (…) facultando la fuga hedionda de la existencia carnal (…)(9).

Hay que considerar, también, el suicidio indirecto, cuando el adolescente, viviendo en un clima de luchas ásperas y no habiendo recibido una base familiar de orientación segura, desgasta sus fuerzas morales y emocionales, enredándose en el juego de las pasiones, principalmente en el uso excesivo del sexo, en la ingestión de bebidas alcohólicas, en el humo nocivo y las drogas, resultando unas reacciones comportamentales rebeldes y agresivas, que causarán sobrecargas destructivas en el conjunto del ser, desequilibrando sus condiciones físicas y mentales (p. 133).

El panorama trazado hasta aquí muestra que el suicidio de niños y jóvenes es constantemente desafiado por las circunstancias, muchas veces imprevisibles, que surgen dentro del propio hogar.

El hogar debe ser escuela real de educación, sin el carácter autoritario e impositivo, que vuelve las relaciones entre padres e hijos obsesivas y desgastantes, si no con preocupación sincera de establecerse entre ellos una amistad verdadera, que les permita encontrar la resistencia espiritual que necesitan, para poder enfrentar las vicisitudes y los desafíos decurrentes de las frustraciones y de conflictos íntimos, surgidos, especialmente, de las relaciones interpersonales, no siempre vividos favorablemente.

La educación que se funda en el proceso de despertar los poderes latentes del Espíritu es la única que realmente resuelve el problema del ser. Educación que debe preparar al individuo para la vida como realmente es, destacando siempre, la bendición de la reencarnación, que permite luchar por las mismas nobles aspiraciones y reconociendo con gratitud, los destinos imponentes que Dios concibió y trazó para el Espíritu.

Importa, primeramente, que el niño o el adolescente tengan una visión correcta sobre la realidad y el futuro del ser, trazando para sí, valores éticos y cristianos que constituyen la verdadera vida y que les hará esperar por la concreción de realizaciones que les estimulen a progresar.

La misión del Espiritismo es educar para salvar. Tengamos, los espíritas, la certeza de esta revelación, pues en cuanto ese hecho no penetre en nuestras mentes y corazones, no sabremos acoger, con comprensión, esas almas infelices y enfermas, necesitadas de infinito amor. En cuanto a esto, reflexionemos sobre la sabia lección de Jesús: “Nadie enciende una candela y la pone debajo del celemín; la pone, al contrario, sobre el candelero, a fin de que ilumine a todos los que están en la casa” (Mateo, 5:15).

Publicado por TIAGO MISTIERI MARTINS

Traducción y revisión: Yolanda Durán

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

(1)KARDEC, Allan. O Evangelho segundo o Espiritismo. 105. ed. Rio de Janeiro: FEB. 1991, cap. V, item 15, p. 113.

(2)FEDERAÇÃO ESPÍRITA BRASILEIRA – FEB. Família, Vida e Paz – Subsídios para a Implantação e Desenvolvimento das Campanhas Viver em Família,Em Defesa da Vida Construamos a Paz Promovendo o Bem! Brasília (DF): 2005.

(3)ORGANIZAÇÃO MUNDIAL DA SAÚDE – Departamento de Saúde Mental. “Prevenção do Suicídio: Um Manual para Profissionais da Saúde em Atenção Primária”. Genebra, Suíça. 2000.

(4)WAISELFISZ, Jacob. UNESCO. “Mapa da Violência III”. Brasil (DF). Fevereiro de 2002.

(5)FRANCO, Divaldo Pereira. “Suicídio – Solução Insolvável”. In: Temas da Vida e da Morte, pelo Espírito Manoel P. de Miranda. 3. ed. Rio de Janeiro: FEB, 1991, p. 98.

(6)PEREIRA, Yvonne A. Dramas da Obsessão, pelo Espírito Bezerra de Menezes. 3. ed. Rio de Janeiro: FEB, 1976, Primeira Parte, cap. VI, p. 28-29.

(7)KARDEC, Allan. O Livro dos Espíritos. 72. ed. Rio de Janeiro: FEB, 1992, “Sorte das crianças depois da morte”. Parte Segunda, cap. IV, questão 199a, p. 134.

(8)SCHUBERT, Suely Caldas. “A criança obsidiada”. InObsessão/Desobsessão. 1. ed. Rio de Janeiro: FEB. 1981, cap. 12, p. 66.

(9)FRANCO, Divaldo Pereira. “O Adolescente e o Suicídio”. InAdolescência e Vida, pelo Espírito Joanna de Ângelis. 4. ed. Salvador (BA), LEAL editora. 1997, p: 131-135.

Árticulo extraído de RED AMIGO ESPÍRITA http://www.redeamigoespirita.com.br/profiles/blog/show?id=2920723%3ABlogPost%3A1587838