Fantástico artículo publicado en el diario El Mundo

joven-bebiendo-alcoholEl consumo de alcohol por parte de los menores es una práctica habitual los fines de semana. En este artículo, publicado por el diario El Mundo, se nos ofrece un análisis de las consecuencias que tiene esta práctica desde un punto de vista fisiológico así como psicológico y. sobre todo, se ofrecen importantísimos consejos a los padres que tienen hijos adolescentes para detectar, prevenir y ayudar en la conducción de este problema.

http://www.elmundo.es/madrid/2016/11/05/581cc16322601d61458b45ec.html

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¿Por qué los castigos a los niños no sirven para nada?

dibujo-nina-llorando-e1349342501778_4Magnífica entrevista con Olga Carmona, psicóloga clínica experta en Psicopatología Infantojuvenil y en Neuropsicología de la Educación, así como en atención psicoeducativa en niños con altas capacidades, publicada en ABC y que nos ofrece un buen material para la reflexión al respecto del valor educativo del castigo.

Muy recomendable!!

Os dejamos el enlace:

http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-castigos-ninos-no-sirven-para-nada-201606091359_noticia.html

LOS PADRES NO CIERRAN POR VACACIONES

VacacionesOs dejamos aquí este magnífico artículo publicado en el diario ABC y que nos ofrece algunas claves para disfrutar de nuestra familia durante el periodo estival, recordándonos que si bien las vacaciones suponen una cierta relajación en cuanto a algunas costumbres, no implica, sin embargo, una dejación de nuestras responsabilidades como padres.

Los padres no cierran por vacaciones

Planificar y seguir educando, claves para afrontar la época estival en familia

El verano ya está aquí lo que conlleva un cambio en el hábito de vida para todos, desde los más pequeños de la casa, a los adolescentes, pasando por la propia pareja. ¿Cómo debemos afrontar esta época del año? Las vacaciones son una buena época para disfrutar de la familia, pero no debemos olvidar que se acaban muy rápido y que pronto sus integrantes tendrán que volver a sus distintas rutinas. De ahí que la clave de un buen verano sea, asegura Pilar Guembe, psicopedagoga, profesora, autora de numerosos libros de educación y «ante todo madre», tal y como ella misma se define, «en la organización y en seguir educando. Porque para la paternidad no hay vacaciones. Sigue habiendo normas, quizá más relajadas y flexibles, pero hay que seguir trabajando lo aprendido durante el año».

Según el Colegio Europeo de Madrid y la Escuela Infantil Europea Bebin, en esta época del año es importante que los niños se distraigan, pero también que sigan adquiriendo responsabilidad. ¿Cómo? «Se puede aprovechar este tiempo para que los más pequeños ayuden en las tareas del hogar: hacer la cama, doblar la ropa o acompañar a los mayores a hacer la compra… Pueden convertirse en distracciones constructivas para tus hijos», indican. Respecto al tema de los horarios de los más pequeños, «los padres deben ser flexibles, siempre que los niños duerman las horas adecuadas y lleven un ritmo de descanso, higiene y alimentación acorde a su edad y a las costumbres familiares», añaden.

Alternativas

¿Qué ocurre con estas normas si van a casa de los abuelos? Tal y como indica Guembe, «lo ideal es seguir cumpliendo una serie de normas. Estamos hablando otra vez de hacerse la cama, de ayudar en la cocina… Los abuelos tienen que educar en los mínimos acordados para que haya una continuidad. El niño no debería hacer con ellos lo que quiera. Siempre con flexibilidad. Pero si la estancia está bien pautada y pactada, no debería haber problema». Los progenitores que opten por esta solución «no deberían tampoco sentirse culpables», prosigue la psicóloga Nora Rodríguez, autora de «Neuroeducación para padres»: «solo dejar claras las normas que deben seguir los niños», corrobora.

En el caso de contratar un campamento, esta especialista apunta que los padres no deben transmitir a su hijo su preocupación por estar separados unas semanas. Como dice Guembe: «hay que hablar en positivo del campamento, un lugar que debemos elegir bien y en el que también se deberían seguir trabajando lo que se ha trabajado durante el año».

Rutinas

Otra buena forma de que los niños no olviden lo aprendido durante el curso y continúen reforzando sus conocimientos son, tal y como recomiendan desde el Colegio Europeo de Madrid «la lectura, los viajes, las visitas a los centros de naturaleza, los museos interactivos… Porque son planes que fortalecen el vínculo familiar y fomentan el hábito educativo de tus hijos en verano», señalan. Lo importante de todo esto es, remarca Pilar Guembe, «disfrutar con los hijos, no de los hijos. Es un matiz importante». En cuanto a la rutina de las tareas escolares, y dejando al margen si es conveniente o no la realización de deberes, que la gran mayoría tiene, Nora Rodríguez recomienda «todos los días entre una hora y hora y media, con momentos de descanso».

En la adolescencia

El planteamiento de familia con hijos adolescentes que empiezan a salir y a tener sus primeras parejas es diferente, reflexiona Guembe. «A los 14, 16 años… se tienen muchas cosas positivas: una energía desbordante, capacidad crítica, rebeldía, creatividad… La importante aquí sería no imponer, porque se puede volver en contra de los progenitores. Escuchar y pactar, pero de una forma pautada y controlada. Hay que reconocer que lo que dice es importante, pero con mano izquierda, y con cintura, hacer lo que nosotros creemos que es lo mejor para ellos. Un adolescente está aún por educar. La familia no es una democracia. Si no cumplen los horarios, habrá una consecuencia, que no es lo mismo que un castigo». De la misma opinión es la autora de «Neurociencia para padres», para quien las primeras salidas deben tratarse como una prueba de fuego. Si se les dice que regresen a las 11:00, son las once en punto. Nada de ser flexibles», advierte.

Amigos, parejas

La cuestión es, prosigue Guembe, «que la adolescencia empieza antes. Esto es una carrera de fondo, y hay que prepararla bien». A su juicio, si eso está bien hecho, los padres no se deberían preocupar por los amigos de los hijos, porque estos buscarán «aquellos que tengan sus mismos valores. Lo que deben hacer los padres es formarles para que tengan un criterio, las ideas claras, y un ocio correcto y enriquecedor, con cultura, deporte…». «Y donde no haya móviles. Aquí se vuelven a necesitar de pactos: en ciertos momentos, como en la piscina, o a la hora de comer, nada de teléfonos. Hay que enseñarles que también pueden divertirse sin pantallas. Esta es una gran batalla y complicada de vencer porque ven que sus padres no sueltan el móvil».

Lo mismo ocurrirá en la búsqueda de pareja. «El patrón que sigan debería responder también a lo aprendido en casa. Si han visto respeto entre sus padres, lo normal es que sus relaciones sean el reflejo de lo que han visto en el hogar». Y por este mismo motivo, concluye Guembe, «lo mejor que pueden hacer los padres es cuidar a su pareja. Las personas no se transforman en verano. Si no colabora en enero, tampoco lo hará en agosto. Somos los mismos, lo que ocurre es que nos suele fallar la comunicación».

http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-padres-no-cierran-vacaciones-201606282108_noticia.html

EL RESPETO A LA DIVERSIDAD

niñosLos niños deben aprender a respetar las diferencias

Como seres humanos somos todos iguales, aunque nos diferencian algunos valores según la familia de la que hacemos parte y de la sociedad en la que vivimos. Por esta razón, el respeto a las diferencias, a lo diverso, a las distintas culturas y razas, también hacer parte de la educación de damos a nuestros hijos. Un aprendizaje y enseñanza que deben ser transmitidos a los niños desde que son muy pequeños.

Aprender a ser respetuoso en la diversidad

Los niños deben recibir una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad, la oportunidad de desarrollar sus aptitudes, su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro útil y participativo de la sociedad. El niño debe ser protegido contra todas las prácticas que puedan fomentar la discriminación. Debe ser educado en un espíritu de comprensión, solidaridad, tolerancia, amistad, paz y fraternidad. Son derechos fundamentales para la vida de los niños.

La discriminación del niño puede ocurrir en cualquier ámbito. Por ello, es sumamente importante que los niños aprendan a no discriminar ni ver el racismo como algo normal. El niño debe comprender que la diversidad existe y como tal se debe respetar. Los niños deben aprender a hacer amigos y respetar a los demás, independientemente de su color de piel, de sus rasgos, de cómo es su pelo, si es chino, árabe o indígena, si habla otro idioma, y a respetar su cultura y sus tradiciones.

Los niños deben saber que la diversidad nos trae riquezas de informaciones y de experiencias. Que podemos aprender mucho con las diferencias. En lugar de criticarla, debemos aprender con ella y darle su real valor. Esa es una tarea importante principalmente en los días actuales en que cada día son más las familias que emigran y migran de un lugar a otro.

El niño puede aprender a ser respetuoso en la diversidad

– Cuando sus padres también lo son

– Cuando leen cuentos e historias de otras culturas

– En la escuela y colegios. Los niños deben aprender a amar a sus compañeros

– Cuando valoran los idiomas

– Cuando se les junta a niños diferentes en los parques, en los campamentos de verano, en las colonias de verano, en el colegio, etc.

– En exposiciones sobre distintos países

– En los viajes, conociendo otras tradiciones y costumbres.

– En las excursiones

Jugando y compartiendo momentos y juguetes con todos.

¿Y si es tu hijo el que acosa en el cole?

Articulo publicado en el diario EL MUNDO

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/02/05/56aa5de1e2704ee7388b45e7.html

malGenioNinoenfadadoGGEl suicidio de Diego, como antes sucediera con los casos de Jokin, Carla o Aránzazu ha vuelto a colocar el acoso escolar en los titulares y a disparar la preocupación de padres, educadores y administraciones ante un problema que, según diversos estudios, podría afectar a uno de cada cuatro escolares, muchos de los cuales quedan marcados de por vida. Por eso, con cada caso que sale a luz, se repite la misma pregunta, como una constante, en cada hogar: ¿será mi hijo víctima de acoso escolar?

La cuestión a la inversa, sin embargo, no sólo tiene mucha menos presencia, sino que a menudo el simple planteamiento provoca un rechazo de plano entre los padres. ¿Cómo va a ser mi niño un acosador? El pequeño verdugo no se identifica como tal, y las familias no conciben que su vástago pueda ser el martirio de sus compañeros. Es más, cuando reciben la noticia, generalmente lo niegan y culpan a la víctima. E incluso se felicitan de que su hijo sea “de los duros”. Esa negación paterna es, precisamente, uno de los problemas principales a la hora de atajar un comportamiento que, si no se corrige a tiempo, puede dar lugar a otras formas de violencia, como el mobbing o el maltrato en la pareja.

El perfil del acosador escolar

Los expertos coinciden en que es difícil trazar un perfil ‘tipo’ del acosador escolar, si bien apuntan una serie de rasgos que se repiten. Chavales con falta de empatía, baja tolerancia a la frustración, escasa capacidad de autocrítica y ausencia de culpabilidad por los actos que cometen. Ejercer acoso les hace sentir poderosos y, cuando se les acusa, no solo no se sienten culpables ni piden perdón, sino que se hacen las víctimas.

“El perfil es el de una persona que aparenta ser segura, sincera (‘yo digo las cosas como son’), muestra un relativo éxito (es ‘el gracioso’, ‘el ocurrente’) y tiene alguna habilidad especial en algún área. Pero a la vez presenta dificultades de empatía muy importantes”, explica José Luis Pedreira, psiquiatra y psicoterapeuta de niños y adolescentes. “Va de sobrado, y eso le lleva a tener una relación de dominación con sus iguales”. Perfectamente consciente de lo que hace, de ser “descubierto” no solo lo negará todo, sino que “se pondrá en plano victimista, hasta el punto de que llega a conseguir que el que se vaya del colegio sea el acosado, que se declare culpable a la víctima. Es una inversión de la carga de la prueba”.

“Son niños que no respetan las normas, que presentan ausencia de límites y carecen de empatía. Y sobre todo, ven que el acoso les genera un rédito: se sienten impunes ejerciéndolo y les dota de poder y reconocimiento entre sus iguales, por lo que es un acicate para que esa actuación se convierta en un hábito”, explica Enrique Pérez, presidente de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar.

Una posición de poder que, con el paso del tiempo, se viene abajo. “Entre 3º y 4º de la ESO los chavales empiezan a captar el verdadero valor de las cosas, por ejemplo de estudiar y de comprometerse, y dejan de valorar el postureo, es más, lo evalúan”, explica Pedreira. Un postureo que también tiene sus riesgos en el acosador; “el postureo es una impostura, lo que implica un cierto nivel de estar mal consigo mismo y con los demás”.

“No hay un perfil concreto de acosador. Está desde el que le gusta reírse de la gente sin ser consciente de que hace daño, hasta el chico que tiene rasgos psicopáticos, que disfruta haciendo daño. A veces es una persona que está sufriendo violencia o maltrato en su casa, que está en un estado de rabia y se dedica a ensañarse con otros, humillarlos o violentarlos”, afirma Carmen Cavestany, profesora y secretaria de la asociación No al acoso.

Qué signos deberían alertarnos

Niños que se burlan a menudo de sus iguales, que parecen no saber relacionarse sin hacer de menos a otro y que además tratan de que otros niños les secunden en esas burlas. “Los padres no deben infravalorar ni minimizar estos comportamientos porque los vean relacionados con cosas menores, ‘cosas de chavales que han pasado siempre’ . Para el chico o chica al que va dirigido es muy doloroso y para su hijo es un predictor del mal funcionamiento futuro de sus relaciones personales”, explica la psicóloga infantil Margarita Montes. “Haga ver a su hijo que eso no se va a admitir y ponga consecuencias directas -un día sin salir, sin consola…– si persiste.

Para María José Díaz-Aguado, catedrática de Psicología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid y directora del Estudio Estatal de Convivencia Escolar en la Educación Secundaria, los alumnos que acosan suelen reunir ocho características, si bien la más importante sería la primera, un rasgo -explica- que también subyace en la violencia de género.

“Los niños aprenden que tienen que ser duros y valientes, y además demostrarlo, que quien pide ayuda es un chivato… Esta cultura que identificamos como mafiosa es la que queremos cambiar”. Una tarea, sin embargo, ardua, dados los continuos mensajes que reciben en este sentido, “en películas, o cuando los padres les dicen: ‘Si te pegan, pégales más fuerte‘”.

Cómo son los alumnos que acosan

  1. Acentuada tendencia a abusar de su fuerza y una mayor identificación con el modelo social basado en el dominio y la sumisión
  2. Dificultades para ponerse en el lugar de los demás y falta de empatía. Su razonamiento moral es en ocasiones menos desarrollado
  3. Se identifican con una serie de conceptos estrechamente relacionados con el acoso escolar, como los de chivato y cobarde
  4. Impulsividad, baja tolerancia a la frustración e insuficientes habilidades alternativas a la violencia
  5. Dificultades para cumplir normas y malas relaciones con el profesorado y otras figuras de autoridad
  6. Escasa capacidad de autocrítica y ausencia de sentimiento de culpabilidad por el acoso
  7. Parecen usar el acoso como una forma destructiva de obtener protagonismo y compensar exclusiones o fracasos anteriores
  8. Dificultades familiares con los límites, para enseñarles alternativas a la violencia

Iñaki Piñuel, psicólogo, profesor universidad y experto en acoso, va más allá: habla de “pequeños psicópatas“. “No todos los acosadores son psicópatas, pero los que instigan recurrentemente el proceso sí presentan personalidades psicopáticas, o bien consolidadas, o bien en vías de hacerlo”. Un perfil “al alza” que además vincula con los “actuales estilos parentales”.

El papel de los padres

Los acosadores suelen ser chavales acostumbrados a tenerlo todo y rápido, poco tolerantes a la frustración. Por eso, “cuando alguien que no les cuadra se cruza en su camino, lo eliminan. Es un tipo de narcisismo muy extendido en los niños actuales”, explica Piñuel, que señala a los padres como principales responsables. “Los padres deben ocuparse de que ese niño interiorice las normas, explicándole su razón de ser y las consecuencias de transgredirlas. Un niño que se hace adolescente está buscando psicológicamente límites. Los padres que no están ahí, que no se ocupan en educar y van a lo cómodo, que es tenerlo con todos los deseos cubiertos, le están dejando huérfano de esa necesidad de interiorizar la norma social“.

Sin embargo, es habitual que la reacción de los padres cuando se les informa de que su hijo está acosando a otro sea ponerlo en duda, e incluso acusar a la víctima. “Cuando llamas a las familias de los acosadores, no se lo creen, los protegen, los disculpan, no dan crédito. A veces incluso cobra mayor dimensión porque las familias intervienen, se posicionan, de modo que no sólo no lo corrigen, sino que manipulan a otras familias en contra del propio acosado”, cuenta Cavestany, en línea con la experiencia de Enrique Pérez: “Lo normal es que el padre lo niegue e incluso llegue a enfrentarse con la familia que denuncia el acoso. En vez de sancionar o intentar corregir la actitud de su hijo, lo niegan, e incluso amenazan a los padres de la víctima para que no acusen a su hijo, lo que deja claro de quién ha aprendido la conducta el niño”.

Una reacción, a juicio de Pedreira, comprensible, ya que aceptar que su hijo es un acosador supone de algún modo poner en cuestión su labor como padres. “Los padres habitualmente niegan la mayor, se colocan del lado de la negación. Dicen: ‘Pero si mi hijo es muy rico, juega muy bien al balonmano, al baloncesto o al fútbol, es muy popular. ¿Cómo es posible que digan eso de mi hijo, si todos le quieren?'”.

Montes también llama la atención sobre el propio lenguaje y formas que se emplean en el hogar. Un lenguaje con insultos y descalificaciones, aunque sea para hablar del jefe o del vecino, debe ser cortado de raíz de forma visible para los hijos. “En caso de que los padres no sean capaces de reconducirlo en casa sólo con estas pautas, es conveniente que se evalúe a su hijo, porque quizá esté resolviendo y ventilando de esta forma problemas personales, inseguridades o dificultades que le generan rabia”.

Reconocer la situación y actuar

En el Estudio Estatal sobre la Convivencia Escolar en Educación Secundaria (2010), solo un 2,4% de la población escolar se autoidentificó como acosadora, frente al 3,8% que lo hizo como víctima. Una diferencia que Díaz-Aguado atribuye a que hay acosadores que no se ven como tal. “A los acosadores y sus familias les cuesta mucho más reconocer la situación que a las víctimas, algo que sucede también con la violencia de género. Hay una condena social fuerte y a quien lo ejerce le cuesta reconocerse, igual que les sucedía antes a las víctimas de maltrato y a sus familias, cuando no existía tal conciencia del problema”.

Para la catedrática es fundamental reconocer la realidad, sustituir la negación o el sentimiento de culpa por la responsabilidad y ponerse manos a la obra, en colaboración con la escuela. “Los acosadores de algún modo están pidiendo ayuda, llamando la atención. No puede haber impunidad, pero requieren toda la colaboración para salir de esa situación y emprender otro camino. Tienen que dejar de sentirse héroes, de minimizar lo que hacen, de culpar a la víctima. Tienen que reparar el daño causado». Díaz-Aguado ve imprescindible una medida correctiva, pero también una reeducación. «Sólo el castigo no basta para que cambien, hay que tratarlos para que entiendan que lo que han hecho está mal, se arrepientan y aprendan a hacer algo que repare el daño. Hay que enseñarles a ser protagonistas en positivo en lugar de en negativo».

Las consecuencias de no atajar estas conductas en la infancia pueden ser graves. Un niño que se burla de otros, chantajea, roba la merienda, manipula o amenaza, irá a mayores si no se toman medidas. “Es un problema social que los padres de los acosadores no calibran, y esto es un muy mal pronóstico para ellos. Luego esas familias no pueden con ellos después de la adolescencia porque se les ha pasado la edad para que interioricen la norma moral y social”.

Piñuel alude a estudios longitudinales que señalan que un 60% de los niños que participan recurrentemente en comportamientos de acoso cometen al menos un delito antes de los 21 años, y un 24% cometen al menos tres. “Estos estudios demuestran que ser acosador es una mala noticia para la familia. El padre que se felicita de que su hijo está encima y no debajo, de que es acosador y no acosado, está posponiendo un problema que le va a caer después a la sociedad”.

Para el profesor, “toda una generación de pequeños psicópatas se está socializando así en la escuela y repetirá patrones en la vida adulta. Luego nos sorprenden las cosas que suceden en la política o en el ámbito de la empresa, pero es que si la internalización de la norma moral fracasa en la adolescencia, tendremos un psicópata adulto, y ahí ya no hay nada que hacer”.

El psicólogo alerta además de que, lejos del estereotipo dominante, los acosadores no proceden de entornos socialmente desfavorecidos. “Todo lo contrario. Los acosadores seriales más crueles que hemos visto vienen de familias impecables, estructuradas, con recursos…”.

La primera llamada del colegio alertando de que su hijo es irrespetuoso o se burla de otro de manera persistente debería ser suficientes para movilizarnos, porque “la noticia es mucho peor que si le hubieran dicho que académicamente no será capaz de terminar el curso”, afirma Margarita Montes. En su opinión, si al menor acosador no se le reconduce a tiempo, las probabilidades de que en el futuro generalice y repita estas pautas en otros entornos, como el laboral o el familiar, son elevadas.

Relación con otras formas de acoso

“Con los datos que tenemos, con el paso del tiempo el acoso escolar decrece, de forma que es más escaso en los últimos años de la Secundaria; sin embargo, el número de niños que se convierten en acosadores seriales aumenta. De forma que llega a la vida adulta con un perfil de depredador, que repetirá en situaciones de acoso laboral o maltrato en la pareja“, afirma Piñuel.

La relación entre el acoso escolar y otras formas de violencia se ha estudiado profusamente. La Unidad de Psicología Preventiva de la Complutense cuenta con un programa que trata de forma conjunta la violencia de género y el bullying. También se relaciona el acoso escolar con el laboral. “Se sabe que la gente que está involucrada en bullying suele estarlo también en mobbing. El acoso es una manera de ser y de relacionarse, y sobre todo de despreciar al otro, y el que no tiene empatía no la tiene en ningún ámbito“, apunta Pedreira.

“Por eso es tan importante la prevención: no solo para defender a víctima, sino para que el sistema escolar emita un mensaje contundente de que esas conductas son inaceptables. Cuando los directores se quitan a la víctima de encima -cambiando de colegio-, no resuelven el problema, simplemente lo aplazan”, alerta Piñuel. “Los acosadores seriales repiten una y otra vez la conducta, y es cada vez más frecuente que sean acosadores en la vida adulta, dentro de la pareja o cuando son jefes. El mobbing hay que prevenirlo desde la escuela”.