EDUCACIÓN EN FAMILIA

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LA COMUNICACIÓN FAMILIAR: entre la pareja, los hermanos, los hijos y los amigos de los hijos

La comunicación es un arte. No es apenas una forma de expresión, además de eso es una necesidad del ser humano y una capacidad especial que supone entregarse al otro. La comunicación no reside únicamente en las palabras. Las palabras por si mismas no comunican nada. Cuando detrás de las palabras hay vida y sentimiento, cuando detrás de los gestos existe un ser humano, entonces se da la posibilidad de que el que oye escuche y se acepte a quien habla: es el momento de la comunicación. La experiencia del lenguaje familiar es incomparable, hace que algunas palabras sean únicas haciendo parte de los sentimientos de aquellos que conviven juntos, y nada representan para los extraños porque el lenguaje de la intimidad presenta características de comprensión y aceptación.

CUALIDADES Y CARACTERÍSTICAS DE LA BUENA COMUNICACIÓN

– Permanente: siempre es posible realizarla

– Abierta: hay disposición de dar y recibir

– Íntima: se establece de tú a tú, de uno para nosotros

– Equivalente: permite la relación de igualdad entre aquellos que se comunican

– Sincera y auténtica: facilita una entrega sin duplicidad ni engaños

– Desinteresada: no busca el beneficio propio. La donación desinteresada recibe como gratificación la propia mejora y la alegría de poder ayudar al otro a mejorar.

– Intencionada: ambas partes deben querer comunicarse. Cuando una parte falta deja de haber comunicación.

– Comprensiva: sabe aceptar al otro, colocarse en su lugar (empatía)

– Humilde: debe saberse reconocer las cualidades y limitaciones propias y de los otros para poder comunicar.

FOMENTAR LA COMUNICACIÓN

Cuando nos comunicamos de forma apropiada y positiva, sentimos una sensación satisfactoria. Nos llena de satisfacción compartir, nos sentimos más seguros de nosotros mismos y tenemos mayor confianza en cuanto a lo que somos y a nuestras posibilidades. El sentimiento de seguridad nos anima y el ánimo nos da alegría cuando, diariamente, intentamos cumplir con esos detalles que fomentan la comunicación.

LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJAcomunicacion-pareja2

La comunicación en la pareja es mantener una disposición personal de ayuda al otro, de confianza en sus posibilidades, de interés por su mejoría. Si la comunicación de la pareja es satisfactoria toda la relación es vista con optimismo, buscando el bien y el equilibrio. Una comunicación familiar plena es la base de la felicidad familiar. La armonía en la pareja permite una adecuada educación de los hijos en la medida en que estos se ven libres de los problemas y dificultades de los padres sintiéndose guiados y amados por unos padres que caminan juntos.

La comunicación en la pareja precisa de naturalidad para poder decirse las cosas como son, con sinceridad. Requiere espontaneidad, para hacerlo con gracia, sin carga dramática. Debe ser simple para evitar dobles interpretaciones. Dentro de ese universo que compone la comunicación en la pareja, se pueden distinguir siete pilares fundamentales. Todos y cada uno deben ocupar un tiempo y un lugar para la convivencia diaria y la comunicación.

LOS SIETE PILARES DE LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

1.- Los valores: compártase lo íntimo, lo personal, las convicciones profundas.

2.- Los sentimientos y los afectos: todas esas “pequeñas grandes cosas” que se cuentan a los que se aman.

3.- Los hijos y el hogar: los hijos y el propio hogar son temas obligatorios de conversación en la pareja.

4.- El trabajo profesional: es el interés por la actividad del otro.

5.- La sexualidad: caminará bien cuando la vida de comunicación y relación funciona.

6.- La familia política (parientes): con diplomacia se garantiza la comunicación y se impiden desavenencias innecesarias en la pareja.

7.- El dinero y la economía doméstica: se deben compartir tanto la escasez como la abundancia.

Las crisis en la pareja pueden a veces originarse por una comunicación defectuosa. La propia crisis en sí supone una ruptura en la comunicación. Esta ruptura se manifiesta de forma abierta cuando el trato y el diálogo dejan de existir. O, puede aparecer de forma velada, cuando se continua la relación a base de monosílabos. En cualquier caso, lo que se pretende es que esos momentos de desacuerdo en la pareja sean transitorios y leves, gracias a la buena voluntad de ambos miembros.

LA COMUNICACIÓN CON LOS HIJOS PEQUEÑOS

Durante los primeros años de vida, la relación con los hijos acostumbra a ser tranquila. A ellos les encanta estar con sus padres, los admiran y les cuentan todo. Por eso, es una época ideal para concretar una sólida comunicación con ellos, una comunicación abierta entre padres e hijos. Para ello es conveniente hacer preguntas, darles la posibilidad de que encuentren soluciones por si mismos, dejarles hablar todo cuanto fuere necesario.Con eso estamos dándoles la oportunidad para que aprendan a expresar correctamente lo que piensan y sienten y aprendan a trasmitir.

Debemos eliminar frases de carga negativa, pues destruyen la posibilidad de una comunicación positiva. Entre tanto, la serenidad y el afecto llevan al niño a una respuesta apropiada, a cambio de ser sinceros.

Recuérdese: Los padres deben estar de acuerdo en tener el mismo criterio, de lo contrario los hijos se desorientan o interpretan mal lo que les ha sido dicho y el resultado es la falta de obediencia.

LOS CASTIGOS

Para que la comunicación con los hijos no produzca fallos en la relación, los padres deben intentar ser justos en un tema tan complicado como el de los castigos. Para que los castigos sean eficaces educativamente y no deterioren la comunicación son necesarias algunas condiciones:

Pocos: cuando se castiga continuamente, se pierde eficacia.

Cortos: es importante que el niño sepa de su mala actuación.

Proporcionados: el castigo debe ser impuesto en función de la falta cometida.

Educativos: por el castigo, el niño, aprende a modificar su conducta. Los mejores castigos son los que favorecen el hábito contrario.

Comprendidos: el niños precisa comprender el porqué del castigo.

Inmediatos: el castigo debe ser aplicado seguidamente después a la actuación. Se torna poco eficaz cuando es dejado para el día siguiente.

Avisados con antelación: es más eficaz que la primera vez argumente porqué eso está equivocado y se advierta que la próxima vez habrá un castigo.

¡¡Cuidado!! Si el castigo cumple las condiciones que repasamos, aplíquelo. Si suspendemos los castigos ante las súplicas de los hijos, ellos se acostumbran mal y no aprenden a corregir sus errores.

LA COMUNICACIÓN CON LOS HIJOS MAYORESconsejos_familia_mejorar_comunicacion_familiar

Con la llegada de la adolescencia los hijos tienden a mostrar un sentido crítico con relación a sus padres y se producen algunas señales de alarma que pueden preocuparlos. Aunque pueda parecer que los adolescentes son poco receptivos, necesitan ser escuchados por sus padres para que puedan encontrar la solución a los problemas que les inquietan. Necesitan ser escuchados mucho más de lo que imaginamos. Si perciben nuestro interés, se animarán a contar sus confidencias. Si somos como muros que reprimen sus mejores jugadas, terminarán buscando otro “lugar” en el que jugar. Si él o ella no cuentan nada debemos preguntar sobre sus cosas para que ellos perciban que existe un interés real o si preguntamos apenas por rutina.

Para una relación de amistad es necesario mucho diálogo. Hablar es cosa de dos. Casi siempre la conversación surgirá de forma espontanea. Las reuniones de familia son un buen momento para crear un clima de mayor crecimiento, estabilidad y seguridad con los hijos.

LOS AMIGOS DE LOS HIJOS

Si queremos dar un valor verdadero y completo a los esfuerzos realizados en nuestra familia debemos tener presentes a los amigos de nuestros hijos. Primero, porque lo que nuestros hijos aprenden de bueno en casa lo llevarán afuera “contagiando” a sus amigos y amigas y se dará un efecto multiplicador en la sociedad. Y segundo, porque lo negativo que nuestros hijos ven en sus amigos le parecerá chocante, y entonces nos ayudará a ayudar a nuestros hijos en el verdadero sentido de la amistad que comporta lealtad y generosidad.

No debemos tener miedo de hablar claro a los hijos con respecto a una amistad, actitud o comportamiento inconveniente. Hagamos con prudencia y cariño y sin ofender al amigo o la amiga, pero siendo suficientemente claros con los conceptos para que no quede ninguna duda.

Tenemos que buscar cualquier circunstancia o hecho negativo que pueda ser producido de parte de un amigo. Esclarecerlo cuanto antes es la mejor manera de cortar de raíz lo que podría llegar a ser un mal grave (por ejemplo: robos, beber a escondidas, fumar…)

Podemos invitar a los padres y a los hijos para que vengan a nuestra casa, para que nos conozcan y sepan cómo pensamos. Es una buena ocasión para enseñar con el ejemplo como se realiza la vida de relación, el saber estar y saber compartir.

545143_10150909399478379_843446561_n_largeLA COMUNICACIÓN ENTRE HERMANOS

Es preciso considerar, no sólo en la teoría sino en la práctica, que cada hijo tiene una personalidad propia, con virtudes y defectos personales.

Cada hijo, aún viviendo en el mismo ambiente que sus hermanos, recibe de modo diferente los mismos estímulos, adquiere diferentes experiencias y, en definitiva, tiene una biografía propia y diferente de sus hermanos. De cada uno de los hijos cabe esperar diferentes aspiraciones y realizaciones personales. Cada uno de ellos tiene una excelencia personal propia. Hay algunas costumbres que debemos inculcar a los hijos desde pequeños, como: pedir “por favor”, decir “gracias” y “pedir perdón”. Son actitudes fundamentales de una buena educación y de reconocimiento de la dignidad de los demás.

Las relaciones entre hermanos podrían ser calificadas como divertidas, complejas y contradictorias. Los hermanos se besan y pelean entre sí, se defienden con uñas y dientes ante los extraños y forman equipo cuando tienen un objetivo común. Nuestros hijos pasan por una edad de oro la cual muchos padres desean mantener.

Son pequeños diamantes a pulir que mañana pueden convertirse en joyas preciosas.

La simpática y extraña manera de comportarse entre hermanos debe servirnos como punto de partida para educarlo en el aspecto de la convivencia familiar. Si lo sabemos hacer, conseguiremos que esas historias de amores y cuidados se conviertan en verdadera amistad y colaboración, comprensión en servicio mutuo.

Si conseguimos que nuestros hijos estén unidos a nosotros, estaremos en condiciones de influenciarlos para que estén unidos entre sí. En realidad es el único camino posible para conseguir que haya una auténtica convivencia entre los hermanos y se produzca una comunicación fluida. En el fondo se trata de enseñar a amar. Aprender a amar a los hermanos requiere efectivamente un aprendizaje. Cuando los hijos ven amor y reciben afecto, aprenden a desarrollar lo que reciben. El niño que está acostumbrado a ver entre sus padres y hermanos comprensión y afecto, asume esto como algo natural y, por tanto, lo asume como propio. Si el ambiente en el cual son criados carece de amor, es posible que mas tarde “ame” a su propio estilo, “ame” egoístamente.

Debemos procurar encontrar los medios con los cuales se debe actuar en cada caso concreto, para que realmente los hermanos se quieran entre sí. Tenemos que concienciar a los mayores de que son observados permanentemente por los menores. Es una razón de más para que los mayores actúen con corrección, ya que es muy importante el ejemplo dado. Nuestro papel es reforzar la autoridad de los mayores ante los menores.

Las desavenencias entre hermanos, perjudiciales e incómodas en las apariencias, constituyen realmente una ayuda para que se formen en un sentimiento de sociabilidad, conozcan la inseguridad y desenvuelvan su personalidad afirmándose frente a otros.

A pesar de ser natural que existan esas desavenencias entre hermanos podemos sugerir algunos tópicos que ayuden a darles una dirección adecuada. Algunas reglitas de oro para la convivencia:

– Responsabilidad entre hermanos (unos por los otros)

– Participación familiar (la familia es de todos)

– Respeto por las cosas y objetos ajenos (pedir prestado, devolver, guardar secretos, llamar a la puerta de la habitación antes de entrar,…)

El nivel de trato y convivencia entre hermanos depende del afecto real que se tengan entre sí porque a veces surgen peleas por cosas sin importancia. Ni nuestros hijos ni nosotros somos perfectos y es imposible evitar riñas e incomprensiones. Mientras tanto debemos evitar que estas tormentas cristalicen y se conviertan en el estilo de la familia.

El final feliz de las situaciones conflictivas incluye el perdón y la reconciliación

“ La comunicación familiar es el camino para la felicidad”

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 Fonte: IDE – Instituto de Desenvolvimento da Educação

 Publicado no Portal da Família em 25/11/2011

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LA VIDA EN FAMILIA

Los hijos no son copias exactas de los padres, que apenas producen el cuerpo, gracias a los mecanismos del atavismo biológico. La herencia y las semejanzas físicas son consecuencia de los gametos, no en tanto, el carácter, la inteligencia y el sentimiento proceden del Espíritu que se corporifica por la reencarnación, sin la mayor dependencia de los vínculos genéticos con los progenitores.

Atados por compromisos anteriores, retornan, al hogar, no solamente aquellos seres a quien se ama, sino a aquellos otros a quien se debe o que están con deuda… Cobradores empedernidos surgen en la forma fisiológica, reduciendo con el deudor, sirviéndose del proceso superior de las Leyes de Dios para el reajuste de cuentas, en el cual, no pocas veces, se complican las situaciones, por indisposiciones de los consortes…

Reaparecen los adversarios como miembros de la familia para recibir amor, no en tanto, en la batalla de las afinidades padecen campañas de persecución inconscientes, experimentando la pesada carga de antipatía y animadversión. La familia es, antes de todo, un laboratorio de experiencias reparadoras, en la cual la felicidad y el dolor se alternan, programando la paz futura.

Tampoco es grupo de bendición, ni en la de la desdicha. Antes es la escuela de aprendizaje y redención futura. Hermanos que se aman, o se detestan, padres que se disputan en el proscenio doméstico, genitores que destacan unos hijos el detrimento de los otros, los hijo que agreden o amparan a los padres, son Espíritus en proceso de evolución, retornando al palco de la vida física para la puesta en escena de la pieza en la que fracasaron, en el pasado.

La vida es incesante, y la familia carnal son experiencias transitorias en programación que objetiva la familia universal. Bendice, pues, con paciencia y perdón, el hijo ingrato y condenado. Comprende con ternura al genitor atormentado que no te corresponde las aspiraciones. Disculpa al esposo irresponsable o compañera liviana, perseverando a su lado, aun mismo que el ser a quien te vinculaste quiera irse adelante.

No se aferre a amarres de odio o resentimiento. Irá más allá, si, prosigue, sin embargo, fiel, en el puesto, y amando… No te creas responsable directo en la provocación que te abate ente el hijo limitado, física o mentalmente. Tu y el estáis comprometidos ante los códigos Divinos por el pretérito espiritual. Tu cuerpo le ofreció los elementos con que se presenta, sin embargo, fue el, el ser espiritual, quien modelo el ropaje con el cual comparece para el compromiso libertador.

Ante el hijito deficiente no te inculpes. Amalo más y complementa las limitaciones con tus recursos, llenando los vacios que el experimenta. Sus carencias son bendecidos mecanismos de crecimiento eterno. Haz por él, hoy, lo que ayer descuidaste. La vida en familia es oportunidad que no debe ser descuidada o malbaratada. Con mucha propiedad e irrefutable sabiduría, Jesús afirmó, al doctor de la Ley: Nadie entrará en el reino de los cielos, si no naciera de nuevo…” Y la Doctrina Espirita establece con seguridad: “Nacer, morir, renacer aun y progresar siempre – es la ley. Fuera de la Caridad no hay salvación.”

Joanna de Angelis

Médium: Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “SOS Familia”

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Sin título1¿PARA QUÉ EDUCAMOS A NUESTROS HIJOS?

Son días competitivos estos en que vivimos, sin duda alguna. La sociedad, el mercado de trabajo, las necesidades personales, todo toma forma y complejidad. Los ordenadores que hace poco no existían, interconecta o aísla aquellos que de ellos no hagan el uso adecuado.

Los cursos de lenguas extranjeras, las post-graduaciones interminables, los estudios, las escuelas, todo en nombre de la competitividad.  Así, lo que ayer bastaba para educar, hoy parece poco.

Y, en el ansia de dar instrumentos suficientes a nuestros hijos para enfrentar el voraz monstruo de la competitividad, vamos, sin medidas, buscando todos de todo, para que ellos puedan ser los mejores, ser más, ser el primero, ser, en fin, lo que aprendió a competir.

Para eso, no contamos los esfuerzos en las horas interminables de los cursos, de los deportes, del refuerzo escolar, de la clase, comprando las herramientas para que él trabaje, para ser competitivo.

Pero al final, paró usted a preguntarse ¿para qué educamos a nuestros hijos? ¿Qué armas y qué combates desea usted que él esté listo para enfrentar?

Si nos preguntaran qué necesita el mundo, o qué falta en nuestra sociedad, de pronto enumeramos las virtudes que nos hacen falta al alma: honestidad, respeto al prójimo, compasión, solidariedad. A fin de cuentas, ¿quién de nosotros no desearía un mundo lleno de todo eso?

Pues bien, es ese el mundo que deseamos. Y ciertamente es el mundo que deseamos para nuestros hijos. Pero ¿será que ellos estarán preparados para un mundo así? ¿Será que nuestros hijos tienen elementos en el alma para que vivan en un mundo de tolerancia, compasión, solidariedad? ¿Cuánto del alma de nuestros hijos, está listo para un mundo de esos? ¿Será que en la educación de nuestros pequeños hay espacio para lecciones de tolerancia?

El niño, el joven que no experimenta la lección del convivir con las diferencias, viendo que somos apenas diferentes por el lado de afuera, pero que por dentro todos somos hijos del Padre, jamás sabrá de lo que se trata el tolerar.

¿Es compasión? ¿Ya tratamos de esta materia en la escuela del corazón, que nuestro hijo también cursa aquí en la Tierra? Ningún niño o joven tendrá idea de cuán leve queda el alma en el placer de minimizar el dolor y dificultad ajena, si nunca le diesen la oportunidad de hacerlo.

Solidaridad. ¿Ya se habló de esto en la escuela del hogar? En un mundo donde las desigualdades florecen aquí y allá, ¿ya paramos para enseñar a nuestros amores la necesidad de extender la mano para ayudar a minimizar la miseria, sea del cuerpo o del alma ajena.

No podemos olvidar que la primera escuela de la vida es el hogar, y es en él que las lecciones que deseamos para el mundo deben ser aprendidas. De nada vale que deseemos un mundo sin violencia, si no enseñamos la dulzura y la docilidad a nuestros hijos.

Y en días desafiadores como esos que se presentan, donde las personas pierden referencia de los valores, donde las lecciones del alma se perdieron con el afán de educar la mente, buscando tan sólo que seamos competitivos, es en el hogar que debemos cultivar los valores nobles, que hacen al alma fuerte para enfrentar las dificultades de la vida.

No más la preocupación de que aprender a ser competitivos, sino que entendamos que ser cooperadores es la lección que la vida nos guarda como el mejor aprendizaje.

Al final, la mayor oportunidad que la vida nos ofrece al estar aquí es fundamentalmente que aprendamos a conjugar en la práctica vivencial de cada uno, un único verbo: amar.

Momento Espírita

http://www.momentoespirita.com.br

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LOS PADRES TIENEN QUE SABER DECIR NO

FRASES PARA UNA BUENA COMUNICACIÓN EN LA FAMILIA

NO, AL CASTIGO FÍSICO, SI A LOS LÍMITES Y AL RESPETO

DIFERENCIAS ENTRE CONSECUENCIA EDUCATIVA Y CASTIGO, EVOLUCIÓN EN LA EDUCACIÓN

¡NO ES MAÑA!

¿COMO HACER HIJOS RESPONSABLES? ENCARGOS

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